domingo, 24 de marzo de 2019

EL CORCEL DE LA NOCHE





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Carina Andrea Nadale
Los Cóndores – Provincia de Córdoba – Argentina

Llueve en la mejilla de un retrato.
Asoma el corcel de la noche.
En el viento de sus crines
un millón de estrellas fugaces.
Pende en cada una
el mismo deseo.
Sus cascos de insomnio
caminan el recuerdo del beso
en una boca de almohada.
Galopan en el aroma
de una chalina sin cuello.
Con el flanco izquierdo
herido de espuelas
 permite a la luna acariciar su testuz
mas nunca
que le calce la montura.

MI NIÑO AUSENTE






María Angelina Bustos Bargas
La Cruz-Córdoba-Argentina

“Jamás mueren en vano los que mueren por una causa grande.”
                                                                  Lord Byron


Late su corazón extenuado
Que se acuna con el vaivén de las olas.
Su sonrisa es un ruego al universo
                               Un grito ahogado
 en la intemperie de los acantilados.

Una esperanza aniquilada de ausencias.
Cántaro ancestral que vibra con los latidos.
Un desgarro letal duele en tu útero maternal.

Su mirada navega por el sendero de los hipocampos
Se ha cubierto de nieve su cabellera
Con el frío de los inviernos.

Su espalda quebrada de insomnios
reposa en la arena piadosa.
La espera se hace silencio
Sus pupilas se entornan
y la visión borrosa, salpicada de sales
le devuelve a su niño que regresa
sonriente, cabalgando la cresta de las olas.



lunes, 18 de marzo de 2019

LA VOZ DE LAS GARDENIAS / ÁNGEL EDUARDO VALENZUELA RUVALCABA


















Ángel Eduardo Valenzuela Ruvalcaba


Quise perfumar tu dormitorio
Y lo adorné con gardenias.
Quise que durante la madrugada
Despertaras y percibieras su aroma.
Que abrieras tus ojos somnolientos
Y respiraras buscando la fuente,
Que tu cuerpo semidesnudo,
Se irguiera ante mi mirada.
Que el perfume actuara travieso
Y te atrajera hacia mis brazos
Como canto de sirenas en el mar
Para que tu vientre sereno
Encallara contra mi deseo.
Las gardenias cantan, suenan,
Emiten una voz aromática
Que roba el sueño y la calma
Que embriaga con su exquisitez.

domingo, 17 de febrero de 2019

MÁGICA CRIATURA































Patricia C. Cervantes D.
Veracruz, México

Ave de la tierra , de los mundos vírgenes, mujer eres una, y tu aroma despides bailando en las dunas.
Si te miro sientes, si te toco gimes... más no puedo tenerte porque tu tiempo inerte , me dice detente pero me consume...
Y en modo callado te miro te gozo, y en mi mente pienso, como te despojo, del miedo a entregarme tu corazón hermoso?
Ángeles de angeles, de sensual figura, yo te doy mis soles dame de tus lunas , ya llevo tus dones , ya tengo la cura, para tus hechizos hermosa criatura.



martes, 12 de febrero de 2019

A DESTIEMPO





Eliza Azamar
Veracruz, México

Colgué mi piel en tu armario y salí corriendo tras tus pasos,
solo llevabas los zapatos puestos, porque tus pisadas iban conmigo haciendo ruido en mi cabeza y desacomodando mis ideas.
Ese trinar de tu corazón que me dice que hoy es lunes y mañana es martes y que el día siguiente será como el otro y como el otro si la música del vaivén de mis piernas enroscadas a tu cuerpo me abandona.
Los minutos y los segundos son como mi amuleto para no perderte, por eso cuando estoy contigo nunca te los confío porque corro el riesgo de tenerte menos; es que ésta locura de ti me hace más consciente cada día de la desesperación que me invade cuando tú me robas a mí y yo a ti no encuentro.
Déjame acomodarme junto a la silueta que pintas sobre la cama, muy cerca de tu cuerpo; abrazar tu aroma de alma desnuda por el tiempo; conversar con los latidos de tu corazón y bailar con tus caricias mientras un cielo profundo se abre para regalarse entero.
Cuánto tiempo ha pasado desde que te amo; no lo sé, pero me ha bastado para parir historias con sabor a ti; para hacer collares de letras que engarzadas se transforman en poesía adolorida por tu ausencia; para hacer un puente de caracolas desde mí hasta tu lecho.
Que difícil esto de andar por ahí por ésas calles del mundo, sin piel y con prisas; que absurdo esto de hacerle el amor a un recuerdo.
Que terrible esto…de quererte a destiempo.

domingo, 10 de febrero de 2019

ESAS GOTAS DE VOS / Osvaldo Pettinicchio


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Osvaldo Pettinicchio
Argentina


Me siento en la butaca de vivir,
intento un sueño.
En esta noche fría
me tiembla el corazón y
se deforma tu voz
de carne y viento.

Hay veces que el vivir
transita un cuento
y hay cuentos que si uno quiere
no terminan. Pero
este cuento, que camina un sueño,
se puede terminar en un momento.

Hay veces que una flor y una voz
nos viajan lejos, hasta parece
que las huellas de la vida
se mueren en el fondo de la bruma
y el Sol transita los rincones más oscuros.

Entonces la desolación se hace amiga
de esa flor que terminó durmiéndose
en tu mano para siempre y goteó sangre
en esa calle que enterró sus versos.
Nunca serás madre para que tu flor
multiplique tus mundos inquietos.

Me siento en la butaca de vivir
e intento un sueño.  Ya no.
Solo  aparecen esas gotas de vos…
ya estoy despierto.

lunes, 4 de febrero de 2019

CONFUSIÓN / ROSA CALDEVILLA







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Rosa Caldevilla
España

No puedo precisar si hubo amor
no sé de qué forma te quería
más todo era una gran confusión
el recuerdo me acompaña todavía.

Mi blusa aún conserva tu olor
y en mi mente grabado esta aquel día
no sé si era amor o era pasión
tus caricias y susurros me perdían
pero esos días viajan conmigo
y al recordarlos aun me sonrío

LA VISITA / ISELA APARICIO






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Isela Aparicio
Mascarada
Veracruz, México

La musa me visitó y le abrí las puertas para que entrase, qué importa si es un horario para trasnochadores, quizá para el vulgo común el horario es inapropiado, para mí no lo es. Le hice saber que es bienvenida, que me agrada tenerla cerca y lo encantador que es dejarme llevar por el compás de su cadencioso vaivén. Hemos bailado, cantado y escrito, eso y más provoca sentir esa efímera y bella visita.
Al abrazarla sentí su fragancia impregnando mis sentidos. Brindamos por todos esos magníficos momentos que te me ha regalado, por los sentimientos expresados y la palabra dicha tan grande como la dicha misma o tan fuerte como el dolor sentido.
Gracias dama elegante por tu mágica visita de madrugada. Gracias inspiración por estar aquí.


sábado, 19 de enero de 2019

TU NOMBRE / MARIA LUZ OLIVARES




Tu Nombre
María Luz Olivares Aldana
Veracruz, México

Si crees que voy a decir tu nombre
ni imagines que voy a mencionarlo
al recuerdo de exóticos aromas
que inundan con bálsamos
las noches de mis sueños.

Ni creas que voy a recordarte
en esas noches de luna
de hermosa transparencia
donde escucho al aire que susurra
promesas de amantes.

Esos suspiros que abanican
las palmeras de mi puerto
le dicen al amante adiós
o hasta luego.

Hoy deshojo tu recuerdo
en el cuenco del olvido
y en las hojas amarillas
en mi álbum de mis versos
la tinta palidece
en las letras de tu nombre.

del poemario “ Misteriosa “

BAJO LA LUNA LLENA / JOSÉ RAFAEL RIVERO



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José Rafael Rivero
Venezuela



Era uno de esos días difíciles en los que el ajetreo de la semana te pasaba factura, terminaba el mes y torres de facturas y recibos se dibujaban en mi escritorio como una ciudad con muchos rascacielos.  El café se enfriaba rápido y ya llevaba varios, quería terminar rápido, me iría en la noche de campamento y por fin coincidiría con Valentina, desde que la conocí sentía que debíamos coincidir en más espacios, pero el día a día nos llevaba por delante a ambos.  Ella trabajaba del otro lado de la ciudad, su horario era más complicado que el mío, sin embargo siempre sacaba tiempo para distraerse, mientras yo lo hacía muy poco. 

Logré recorrer la avenida principal, con suerte no había el acostumbrado tráfico de un viernes por la tarde, quizás aún era temprano, aunque para mí era muy tarde, debía llegar aún a casa, darme un baño y salir mochila en mano.  Me detuve en el minimercado y compré algunas cosas que me faltaban, incluyendo unos chocolates, nunca me iba de campamento sin chocolate, las noches no eran lo mismo cuando no los llevaba.  Llegué a casa, me duché y emocionado pensando en el encuentro con Valentina, apresuré el paso y salí de casa dispuesto a pasar un fin de semana espectacular. 

Valentina era una mujer hermosa, sus cabellos hacían un contraste increíble con su blanca piel, su cuerpo atlético mostraba su pasión por el deporte, su especialidad era el montañismo, la aventura.  Había escalado algunos picos altos al sur del país y también era surfista, para mí era simplemente perfecta.  La última vez que nos vimos fue en una reunión en casa de Andrés, otro escalador profesional, a quien conocí en uno de esos encuentros en las alturas montañosas, intercambiando bolsas para recoger la basura por café.  Nos hicimos amigos todos los de ese grupo y eventualmente convocábamos a reuniones en montañas, siguiendo ciertas señas dejadas en el camino que sólo los invitados conocerían, eran claves para la seguridad y privacidad del grupo. 

Apresuré el paso, ya había llegado al pie de la montaña indicada y la noche se hacía cómplice como en cada ascenso.  Ubiqué la primera seña y me dirigí cuesta arriba, bordeando la falda de la montaña por el camino que guiaba hacia el río.  La frescura del ambiente era típica de esta época y algunas aves aún estaban por allí revoloteando, cazando pequeños insectos antes de irse a sus nidos.  El sonido del río era el relax, la continuidad de la corriente de a ratos se cortaba por alguna rama o pequeña cascada, el cielo estaba despejado y ya a lo lejos la luna asomaba su brillo, como siempre subíamos en noches de luna llena, así no llamábamos la atención con las linternas. 

 Mientras atravesaba un puente hecho con lianas y pequeños troncos, divisé una silueta entre los árboles, era ella, Valentina solía llegar antes que todos, armar su carpa y salir a ver a quien se encontraba en el camino.   
  
Como si hubiese escuchado mis pensamientos se detuvo, volteó y sonrió, levanté mi mano para saludar y me acerqué.  Un abrazo fuerte me dio la bienvenida a esta nueva aventura.  Mi pulso se aceleró un poco y lo disfruté, creo que ella también.  Mientras volteaba a ver si venía alguien más, me tomó de la mano y me dijo: “sígueme, quiero mostrarte algo que descubrí, no puedo esperar a que lleguen todos, estoy emocionada”.   Sin dudarlo ni un segundo caminé de su mano por un sendero, me hacía seña de silencio, debía escuchar algo.   Como a los cien metros se fue abriendo el follaje y allí estaba una cascada, a pesar de lo alta que era el agua pasaba a través de muchas ramas y hojas y terminaba cayendo como llovizna sobre un pozo que, a pesar que era de noche, podía intuirse era de aguas cristalinas.

“Quiero darme un chapuzón antes que lleguen todos”, me dijo, esto se ve muy bueno.”¿Me acompañas?”, preguntó mientras se despojaba de todo y se lanzaba sin pensarlo mucho.  “Ven está templada el agua, deja el morral allí y no lo pienses más”.  Era fácil para ella decirlo, para mí toda una experiencia el que con aquella confianza se quitase la ropa frente a mí, desde que la conocí esperaba una oportunidad para conversar con ella, cualquier excusa hubiese sido buena pero, encontrarla allí llamándome, desnuda y a solas en plena naturaleza, era toda una de esas causalidades que tu mente y el destino te juegan alguna vez en la vida. 

No lo pensé más y entré al agua sin ropa.  El agua no estaba fría, muy leve corriente indicaba que no había mucha pendiente más abajo o cuevas submarinas por las que el agua tomase impulso para bajar con más fuerza. 
  
 Valentina nadaba a mi alrededor la luz de la luna llena atravesaba las ramas y se creaba un ambiente espectacular con rayos azulados, brillantes, que hacían que ella  apareciera y desapareciera frente a mis ojos, aun así podía imaginarla tan cerca… por fin…

Conversamos, bromeamos de a ratos se subía a mi espalda, me apenaba que esos roces alborotaban mi piel, no sabía si eso la molestaría, aunque era casi normal darnos baños nocturnos desnudos en los viajes a espacios naturales, pero este momento era diferente, definitivamente.  

“Cierra tus ojos, no los abras hasta que te diga”, me dijo mientras se sumergió y sólo se escuchaba el suave rocío cayendo desde las alturas y mi corazón palpitando fuerte.  Sentí un roce con su piel y mi cuerpo tembló, su cercanía causaba estragos.  Moví mis manos de un lado a otro, buscándola bajo el agua pero ya no estaba cerca.  Al incorporarme me pasó de nuevo por un lado, su mano pasó por mi espalda y giré rápido, logré tomar su mano, pero se soltó.  Con mis ojos cerrados imaginaba mil cosas.  Una vez más sentí su cuerpo rozándome, esta vez quedándose  muy cerca.  Salió a tomar aire y al incorporarse quedó de espaldas a mí, rozándome, despertando todas mis fantasías en un solo foco, ya era inevitable el desearla.

Me sumergí siguiéndola, buscándola, rozando su cuerpo, abrazándola, subíamos juntos a tomar aire y nos sumergíamos, no existían las palabras, sólo agua, aire y dos cuerpos retozando bajo la luna llena. 
  
 Nos incorporamos de nuevo, esta vez frente a frente, la  tomé por la cintura y la acerqué un poco más, sin palabras, sólo miradas, cercanías, roces…  Podía sentir su ardor, en el vaivén del agua nos abrazamos, danzamos en  un beso, luego otro, una hoja cayó en el pozo, mientras un nuevo abrazo, esta vez más fuerte, buscando la posición nos permitió fundirnos en un beso apasionado.   Mis manos tallaban su cuerpo, recorriéndolo lentamente, grabando en mi mente cada poro, descubriéndola y encontrándome en su piel.  Sus temblores me hablaban de su deseo, sus labios de nuestra complicidad, un vaivén suave se convertía en éxtasis y un leve jadeo se dejó escapar de sus labios.  Su pecho me atravesaba, endurecido, punzante, invitando a mi corazón a latir más y más fuerte.  Sentía que me quemaba dentro de ella, su lava ardía y yo  avivaba esa fogata bajo el agua, retábamos al silencio, ahogando cada gemido entre besos y  temblores rebeldes que creaban ondas continuas. 
Sin decir una palabra más, nos dimos un último abrazo antes de salir del agua, sin idea de cuánto tiempo había pasado.  Debíamos llegar al campamento, quizás ya todos estaban allá.  Tomados de la mano recorrimos el camino de regreso al campamento mientras ella me mostraba las marcas del camino, esta vez las había hecho ella, para guiar al grupo al sitio de encuentro.  Una loma rodeada de eucaliptos con una zona despejada para acampar, era el lugar perfecto para resguardarse a la vez que se podía observar cualquier cosa que subiera por la ladera de la montaña, la luz de la luna llena permitía ver el suelo con facilidad. 
  Una fogata nos contaba que ya habían llegado, ella me soltó la mano y corrió a saludarlos, abrazándolos uno a uno les dio la bienvenida y me presentó a los que no conocía, el resto me miraba con sonrisa pícara, pero no hicieron comentario alguno.  

Preparamos una deliciosa cena, compartimos un café con brandy, Luis sacó la guitarra y comenzó la tertulia nocturna.   Valentina se recostó a mi lado, como si fuese mi pareja desde hace mucho, tal vez era así y ninguno de los dos lo sabíamos…  Tomé su mano y la besé, mientras la primera canción comenzaba a sonar:   “imagine all the people living in peace….”.