Estamos a veces tan fracturados,
como un rompecabezas no terminado;
dejamos piezas en cada persona amada,
y perdemos parte de nuestra esencia
guardada.
Pero otras personas nos regalan piezas,
de su alma, de su ser y sus grandezas;
en nuestro interior permanecen sus
huellas,
como luces que habitan entre nuestras
estrellas.
El rompecabezas cambia con el tiempo,
cada pieza transforma nuestro
pensamiento;
buscan encajar unas con otras,
uniendo historias que antes fueron
rotas.
Lamentablemente no siempre lo logran,
y quedan algunos vacíos en el alma;
dejan espacios que laten y duelen,
como silencios que en la memoria
vuelven.
Buscamos con desesperación las piezas
perdidas,
aunque a veces encontremos sombras en
las salidas;
y mientras crecen los silencios en el
camino,
vamos descubriendo nuestro propio
destino.
Nacemos completos y cambiamos al
crecer,
cada experiencia nos vuelve otro ser;
somos un himno de vivencias y heridas,
una canción escrita en todas las piezas
perdidas.
Cada pieza narra una historia,
cada vacío conserva su memoria;
hay heridas que dejan una profunda
huella,
y esperanzas que aún brillan entre
ellas.
Al final somos piezas encontradas,
de otras almas que fueron amadas;
ellos nos dieron parte de su ser,
y nosotros también les dimos nuestro
querer.
Algunas piezas brillan, otras se
apagan,
pero las huellas del alma nunca se
desgarran;
sin importar cuánto curen o lastimen,
hay recuerdos que para siempre viven.
Espero que antes del último momento,
logres reunir cada fragmento;
sin olvidar jamás tus raíces,
de quien verdaderamente eres.
Ángel Zaradyel
España, Asturias.
