Aprendí de ti que, siendo tan humana,
aprendí de ti a ser una
diosa.
Aprendiste de mí toda la
luminosidad;
me brotaron alas de
resplandor y filigrana.
Me sentí adorada,
y todo el oro impregnó mi
aura y mi ser.
Aprendí que el amor es
como el oro
y que, dentro de todo,
me transformé en un
tesoro.
Aprendí de ti...y tú de
mí.
Aprendí que mitigabas mis
penas;
aprendí que la miel que me
dabas
me envenenaba.
Aprendí de ti
y, aun así,
me hacías sentir plena.
Bertha Laraf
Veracruz, México

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